Estigmas de Fe: Padre Pio

El Padre Pío es un reconocido sacerdote estigmatizado que fue beatificado en 1999 y canonizado por el papa Juan Pablo II el 16 de junio del 2002. Su nombre originalmente era Francesco Forgione, pero le fue dado el nombre de Pío cuando ingresó a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.

El 20 de septiembre de 1918 el Padre Pío recibió con gracia los estigmas de Cristo. La historia la contó el propio Padre un año después en el libro “El Padre Pío bajo interrogatorio: La autobiografía secreta” por Francesco Castelli. En este libro narra:

«El 20 de septiembre de 1918 luego de la celebración de la Misa mientras estaba en el debido agradecimiento en el Coro repentinamente fui presa de un temblor, luego me llegó la calma y vi a Nuestro Señor en la actitud de quien está en la cruz, pero no vi si tenía la cruz, lamentándose de la mala correspondencia de los hombres, especialmente de los consagrados a Él que son sus favoritos».

Y agregó: «se manifestaba que Él sufría y deseaba asociar las almas a su Pasión. Me invitaba a compenetrarme en sus dolores y a meditarlos: y al mismo tiempo ocuparme de la salud de los hermanos. En seguida me sentí lleno de compasión por los dolores del Señor y le pregunté qué podía hacer. Oí esta voz: ‘te asocio a mi Pasión’. Y en seguida, desaparecida la visión, he vuelto en mí, en razón, y vi estos signos de los que salía sangre. No los tenía antes».

Los estigmas son las llagas que Jesús sufrió en la crucifixión, dos en los pies, dos en las manos y una en el costado. Normalmente se les describiría como heridas pero la diferencia radica en que estas llagas no cicatrizan, no se infectan, no se descomponen, no tienen mal olor y sangran constantemente.

De hecho, debido a la fama del Padre Pío, la iglesia envía a Carlo Raffaelle Rossi a hacer una investigación al respecto. La investigación comenzó el 14 de junio de 1921 y tuvo una duración de 8 días en la que Rossi concluyó: “… Los verdaderos estigmas se encontrarían en los del Padre Pío.”

Lamentablemente no todos aceptaban los estigmas del Padre Pío, como Agostino Gemelli, fundador de La Universidad Católica de Milán que catalogó los estigmas del Padre Pío como una crisis neurótica. Esto ocasionó el encierro del Padre Pío de 1923 a 1933, por 10 años estuvo completamente aislado del mundo exterior.

Después de 50 años de sufrir los estigmas, el 20 de septiembre de 1968 se celebró una misa multitudinaria en la que asistieron todos sus fieles y colocaron alrededor del altar cincuenta macetas con rosas rojas por sus cincuenta años de sangre. El Padre Pío murió 3 días después y se calcula que más de cien mil personas asistieron a su funeral.

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